Películas Obligatorias: Vivre sa Vie: Film en douze tableaux // Jean Luc Godard // 1962 // Francia

Calificación: 8.8

Hablar de cine Francés es hablar de un cine que se renueva por sí solo y que ha sabido mantenerse muy bien erguido sobre los cánones del cine de autor, con discurso y sustancia, sin caer en el absoluto manierismo cinematográfico que muchos encuentran aburrido. Un peón de suma importancia en este renacimiento del método cinematográfico en Francia (y después en el mundo) fue Jean Luc Godard.

Vivre sa vie es su tercer película, y la primera de ellas que cargó con un semblante más bien trágico y oscuro. El versátil y kinético director estaba haciendo, después de A bout de souffle y Une femme est une femme, un cine de mayor seriedad, menos movimiento pero un discurso penetrante y profundo y con la experimentación fotográfica y fílmica que tanto lo caracteriza. El resultado de todos estos factores unidos es un film espléndidamente bien logrado, agradable a los estándares estéticos de nuestros ojos, reflexivo y memorable.

Anna Karina podría ser, para muchos de nosotros, la mujer más bella que ha pisado la pantalla grande. Su papel no es un papel extraordinario, y es en esa sencillez y realidad del personaje donde se encierra la magia de un par de ojos cristalinos con una historia que ninguna belleza en este mundo puede contar. Nana (Karina) llora, sonríe, camina, hace el amor, pregunta, responde, escribe y en general, vive su vida con una naturalidad tan estéticamente elegante que nos resulta imposible no establecer una conexión empática con una niña tan tierna y tan confundida en un mundo que violentamente la orilla a vender su cuerpo.

El film se expone en doce viñetas o secuencias de varios minutos cada una, haciéndolo un film con un paso bastante rápido y que no te permite perder el hilo de la historia.

La historia es una historia que no nos impresiona, una mujer con problemas de dinero que cae en los brazos de un proxeneta y se sumerge en el mundo de la prostitución, por necesidad y falta de oportunidades. Lo que sí nos voltea un poco la capacidad de impresión es el desarrollo del personaje de Nana, que siendo una chica tan asustada y malograda en sus adentros, logra mostrar un enorme deseo por la grandeza, aún de espíritu, a través de la filosofía, el cine (un fabuloso tributo a La pasión de Juana de Arco de Karl T. Dreyer), el teatro y la simple conversación.

La fotografía es la promesa eterna de Godard, y hace de la producción un goce absoluto, manejando una estética muy artística y bella. Al mismo tiempo, Anna Karina explota al máximo sus habilidades como actiz, desnudándose ante el espectador, de todo artificio, dejando ante nosotros el más puro arte de la actuación, y es después de Vivre sa Vie que uno puede ver a Godard con un respeto aún mayor, entendiendo por qué es él uno de los cineastas más trascendentes en la historia del cine mundial.

Recomendada para los fans del melodrama, el teatro, el Neorrealismo italiano y la Nueva Ola de cine Francés.

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